Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

Mes: septiembre 2009

Todos somos lo mismo. Sólo nos diferencia el amor.

FRAGMENTO DE LA NOVELA “¡QUIÉN NO SE LLAMA CARLOS!”

Fabio volvió a describirle a Carlos. Le repitió que Carlos era su gato y que lo buscaba. Esta vez, el guardián parecía escucharlo con mayor interés. Tenía muy abiertos los ojos y, con el índice derecho, trataba de aguzar su oído. Por último, levantó el dedo con un signo triunfal.

—¡Ajá! —gritó—. Nunca me equivoco.

—¿Que nunca se equivoca en qué?

—Tú eres sudamericano.

Ésa no era la conversación.

—¿Me equivoco?

El chico no le contestó.

—Ya me decía yo, “qué raro habla este muchacho”. Da la casualidad de que soy de México, y nada menos que de Michoacán, en donde viven los bravos.

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Marco Antonio Corcuera: El poeta descansa

Siempre que pienso en Marco Antonio Corcuera, lo imagino joven, flaco, con un tic nervioso y enfundado dentro de un terno que le flota. Fue así como lo vi la primera vez que en mi vida vi un poeta. Primo de mi padre y abogado joven de su estudio jurídico, así lo vi cuando yo era niño y adolescente.

Cuando entré a la Universidad Nacional de Trujillo, al lado de mis amigos del grupo “Trilce”, alterné con él y otros dos poetas asombrosos, Horacio Alva Herrera y Wilfredo Torres Ortega. No me quedó duda entonces de que para ser poeta era condición la flacura, el humor y la mayor elegancia.

Esa imagen suya no ha dejado de aparecer en la poesía del Perú  desde 1940 en que ganó los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, junto al contumacino Mario Florián, el celendino Julio Garrido Malaver y el cajamarquino Napoleón Tello Rodríguez.

En los cincuentas, comenzó a publicar “Cuadernos trimestrales”, la primera revista completamente de poesía editada en Trujillo y destinada a poetas y a lectores de todo el planeta. El año 60, su concurso literario “El poeta joven del Perú” descubrió a César Calvo y Javier Heraud, y comenzó a difundir y consagrar a jóvenes que, de otra manera,  no habrían sido considerados en esa especie de corte que es el mundo de las letras.

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