FRAGMENTO DE LA NOVELA “¡QUIÉN NO SE LLAMA CARLOS!”

Fabio volvió a describirle a Carlos. Le repitió que Carlos era su gato y que lo buscaba. Esta vez, el guardián parecía escucharlo con mayor interés. Tenía muy abiertos los ojos y, con el índice derecho, trataba de aguzar su oído. Por último, levantó el dedo con un signo triunfal.

—¡Ajá! —gritó—. Nunca me equivoco.

—¿Que nunca se equivoca en qué?

—Tú eres sudamericano.

Ésa no era la conversación.

—¿Me equivoco?

El chico no le contestó.

—Ya me decía yo, “qué raro habla este muchacho”. Da la casualidad de que soy de México, y nada menos que de Michoacán, en donde viven los bravos.

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