En sueños anoche, me encontraba en la playa y veía que una dama avanzaba lenta pero sin detenerse hacia el fondo del mar. Nada pude hacer sino mirarla porque era un sueño de esos en que nos quedamos mudos y no podemos movernos.

Cambié la mirada por un momento. Cuando intenté volver a observarla, ya la mujer había desaparecido y, en vez de ella, planeaba sobre el cielo alguna constelación desconocida.

Lo que se hundió bajo las olas pudo haber sido Alfonsina Storni, la poetisa argentina que inspirara la canción “Alfonsina y el mar” y también pudo ser la voz dulce de Violeta Parra. Fue cualquiera de ellas, pero también fue otra.

Fue Mercedes Sosa. Por obra de su voz, esa canción se identificó con ella y se convirtió en patrimonio intemporal de las generaciones. Y por eso, así nosotros como nuestros padres y así nuestros hijos como nuestros nietos -que la recibirán en “ipods”- todos diremos que esta música perteneció a nuestro tiempo y que es inseparable de nuestra propia nostalgia.

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