Estábamos en pleno mitin por los inmigrantes en Salem cuando divisé a dos niños que participaban en el acto. Mientras sus padres coreaban lemas contra el racismo de Arizona, los pequeños, sentados sobre una grada de cemento, estaban dedicados a la lectura. La niña tenía siete años. Su hermano, ocho.

Aunque estaban por llamarme en la lista de los oradores, me acerqué a los jovencitos y logré sentarme a su lado. Tenía mucho interés en saber qué tipo de libros habían logrado cautivar su atención durante las dos horas que ya duraba nuestro mitin.

-Es la historia de un perro.- me respondió Nieves. Añadió:

-Está en el cielo volando y tiene que llegar hasta la otra orilla del universo.

-¿Cuántos días le faltan?-pregunté tratando de meterme en la lógica de la historia.

La niña me quedó mirando como se debe de mirar a los marcianos, o a los tontos.

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