Recuerdo haber leído alguna vez un artículo científico en el que se afirmaba que los chinos no son chinos; lo que pasa es que se levantan tarde. Lo traigo a colación para explicar los ojos que pongo en una foto reciente en la cual estoy escuchando a un distinguido conferencista.

Debo añadir que caer dormido en medio de una sesuda charla no significa que aquella no me pareciera interesante. Eso quiere decir únicamente que ya había agotado todos los procedimientos que uso para evitar la modorra.

Estaba fingiendo tomar notas hasta que el lapicero se me cayó de la mano. Me había pellizcado ambos brazos hasta que el sopor actuo como anestesia. Por último, durante minutos que fueron horas larguísimas, traté de hacer movimientos con la cabeza como los de alguien que aprueba lo que dice el conferencista cuando la verdad era que agitaba la cabeza para que se me fuera el sueño hasta que mi barbilla toco el tórax, y ya no pude levantarla.

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