Un fantasma recorre Estados Unidos… y ahora todo el mundo. Es el fantasma de la protesta social.

Comenzó en Wall Street, el corazón del capitalismo. Se extendió a cien ciudades norteamericanas. Ahora está en todo el planeta.

Hay gente de todas las edades, razas, religiones, clases sociales, niveles de educación, empleados y desempleados, sindicalistas, estudiantes y profesores universitarios, obreros de “cuello azul” y funcionarios de un nivel más alto, gente que ya está fuera del trabajo o que tiene miedo de perderlo muy pronto si las cosas aquí no cambian.

Ellos saben bien quiénes son, y lo dicen: “Somos el 99 por ciento. Somos los que producimos los bienes y servicios.”

¿Qué quieren los indignados?

Quieren que el uno por ciento cese de seguir jugando con sus vidas. Quieren un cambio completo del sistema.

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