Hace unos años cuando era catedrático en Berkeley solía llamar desde mi casa a algún taxi de la compañía “Brahma”. Sus choferes eran hindúes y llevaban barba y turbante.

Dejaba mi carro en casa y me instalaba en uno de esos taxis. Hundido en el sillón de atrás mientras pasábamos los puentes de San Francisco, tan sólo veía el turbante del conductor, la neblina de la ciudad y las aguas calmas del océano pacífico. Me sentía a bordo de una alfombra mágica.

Un día, sin embargo, llegó a buscarme un chofer pelirrojo y pecoso a bordo del taxi “Brahma”. Era de Nueva York, y por supuesto no usaba turbante. Al confiarle mi desilusión, me respondió que la compañía estaba obligada a dar trabajo a por lo menos un hombre de la etnia minoritaria en este caso era la blanca.

-“Equal Opportunity” (Iguales oportunidades)- me respondió haciendo referencia a la ley que obliga a las empresas a emplear cuotas de los sectores raciales o sexuales minoritarios.

La historia viene al caso porque las políticas de preferencia a las mujeres, a la gente de color y a los homosexuales pertenecen generalmente a los sectores considerados progresistas en este país.

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