Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

Mes: diciembre 2013

Era negro pero también era rojo

Quienes más honores le tributan han pintado a Nelson Mandela con los colores más diferentes. De negro, de rosado y hasta de blanco. Se han olvidado de que también era rojo. Era rojo no tan solo por su propia declaración sino porque era socialista, culto, luchador, rebelde…y porque era un verdadero cristiano … como suelen ser los rojos.

Quienes más honores le tributan ahora- después de muerto- son aquellos que aplaudieron su captura, que durmieron en paz durante su carcelería y que cerraron los ojos cuando los racistas de Sudáfrica paseaban con las cabezas de los rebeldes partidarios del héroe.

Entre quienes ahora le llevan flores blancas destaca la insospechable organización “Amnistía Internacional”. La palabra “amnistía” siempre se ha parecido mucho a la palabra “amnesia”. Ahora se le parece más porque “AI” olvida que todo el tiempo durante el cautiverio rehusó concederle el estatus de preso político.

No lo hicieron, según ellos, porque el gobierno de los genocidas blancos de Sudáfrica lo había declarado “terrorista”.

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Para cruzar la frontera

En septiembre de 1993, cuando entré a Western Oregon, la universidad donde trabajo, fui invitado a una cena en homenaje de los nuevos profesores y funcionarios de esa casa de estudios.

Al hallar mi nombre en una mesa para ocho personas, descubrí que me habían puesto al lado de un caballero que tenía nombre y apellido en español. León Castellanos nos pasó una tarjetita con ese nombre y nos dijo que acababan de contratarlo como director de una oficina para asesorar a los estudiantes de los grupos minoritarios, preferentemente latinos.

Nos dio entender que su dominio del castellano era una de las más poderosas razones por las cuales había ganado el puesto. Y añadió que él hablaba ese idioma, “pero el verdadero, el de España.” Nos los decía casi rugiendo. Movía los brazos como quien da zarpazos.

Supongo que las otras razones eran su recio nombre al igual que su apariencia física, como se supone aquí que somos los “latinos”. Era bajito y muy moreno. Tenía una pancita brava y amenazante y una melena bien peinada, y ostentaba unos elocuentes bigotes de mariachi.

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