Una noche de junio de 1950, el general Manuel Odría, dictador del Perú, tuvo una pesadilla. Soñó que el único candidato que le hacía frente en las próximas elecciones presidenciales, el general Ernesto Montagne, lo derrotaba ignominiosamente.

Odría había asumido el mando supremo de la República en 1948 luego de dar un golpe de estado contra el doctor Bustamante y Rivero. Sin embargo, aspiraba a ser un presidente constitucional, y por ello, dos años más tarde, había convocado a elecciones.

Aterrado por el sueño, llamó al general Zenón Noriega, su compadre, a quien había encomendado el ministerio de gobierno. Seguramente discutieron:

-Te dije que lo sacaras del juego… que le encontraras un pariente, un amigo o un vecino aprista, y que lo acusaras de cómplice.

-He hecho algo mejor que eso, Manuel. El jurado nacional de elecciones es nuestro. Ya están preparadas las ánforas, y todos los votos dicen Odría, Odría, Odría…

De todas maneras, a Montagne lo metieron en la cárcel. Una semana después, un día como hoy, como candidato único, el general Odría resultaba electo presidente del Perú.

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