El peruano más conocido de Londres es un joven inmigrante de sombrero rojo que lleva un sánduche de mermelada de naranja en el bolsillo y una moneda de un sol cosida en el interior de su chaleco. Lo llaman el Oso Paddington.

En realidad, no solo lo llaman así. Es un oso de verdad que, según los cuentos infantiles, llegó aquí desde “el remoto y oscuro Perú.” En ese país, leen los niños ingleses, su anciana tía estaba a punto de entrar en un asilo y, para salvarlo del desamparo, lo embarcó para Inglaterra vestido con un elegante saco rayado de lanilla. Un pequeño letrero colgando de su cuello decía: “Por favor, cuiden a este oso. Muchas gracias.”

Una encantadora familia británica lo adoptó y le puso el apellido Paddington por la estación del tren en que lo encontraron.

Es una pena que los publicistas de Marca Perú no hayan tenido el talento de inventar un personaje tan dulce y metafórico como este. El “remoto y oscuro Perú” recuerda en Londres a quienes leen las noticias internacionales a un país lejano en el que buena parte del territorio ha sido concesionada a empresas extractivas sin tener en cuenta que los recursos mineros son agotables, y que la explotación no produce un número de empleos considerable en comparación con el envenenamiento de la atmósfera y la destrucción del ambiente que causa en regiones habitadas por la mayoría de los peruanos.

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