Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

Mes: julio 2015

Confusión conyugal

En el avión desde Los Ángeles, me ocurrió algo que me ha parecido idéntico a la situación política del país. Al tomar el lugar que me correspondía, di las buenas noches a mi compañera de asiento, pero ésta resultó ser una señora algo malgeniada o quizás muda que volvió la cabeza hacia la ventana.

Dormí de un tirón, desperté a las cinco de la mañana y me dirigí al baño del avión. Un caballero, sentado con su esposa, dos filas antes, hizo lo mismo.
Quizás él volvió primero y se equivocó. En la oscuridad de la nave, tomó asiento al lado de la señora muda. Por mi parte, me senté al lado de su esposa. No me di cuenta.

De repente, la señora que estaba a mi lado y que yo presumía era la muda, recuperó el habla y me dijo: “Eres un madrugador, amorcito.”

Sorprendido por su impertinencia, me puse un antifaz para dormir. No habían pasado cinco minutos cuando sentí que la mano de la señora muda acariciaba mi cabeza y me decía: “Peladito, dormilón…”

Me levanté del asiento indignado, pero de inmediato comencé a presenciar una escena en el lugar al que había ido el otro caballero, o sea el mío al lado de la muda. Aquélla gritaba: “Este hombre es un degenerado”

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El compañero Juvenal

El año pasado, cuando me dijeron en Trujillo que don Juvenal Ñique había cumplido 99 años, decidí ir a visitarlo para que me diera la receta.

Mi amigo, el doctor Daniel Canchucaja, a quien le había pedido que me acompañara, me preguntó:

¿Y dónde quieres visitarlo? ¿En su casa o en su trabajo? Añadió que Juvenal trabajaba en la Universidad César Vallejo.

No le quise creer, pero por las dudas llame por teléfono a ese centro de estudios, y de inmediato me pasaron a su oficina. La persona que me atendió me indicó que el amigo buscado había salido de la oficina hacia un salón para reemplazar en clase a joven profesor que estaba enfermo.

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¿Por qué no visitó Lima el papa Francisco?

“No siempre sin motivo la actividad de las industrias extractoras se ha visto como una explotación injusta de los recursos naturales y de las poblaciones locales, reducidas, a veces a la esclavitud y obligadas a mudarse, abandonando sus lugares de origen.”

¿Quién dijo estas palabras antimineras?

¿Acaso fue Gregorio Santos?… Entonces, hay que encarcelarlo dieciocho meses sin previo juicio ni acusación probada.

¿Las dijo Marco Arana?… Hay que detenerlo aunque esté sentado pacíficamente en una banca de la plaza de armas de Cajamarca. Hay que llevarlo a la comisaría, darle golpes en los riñones e insultarlo. En toda mención periodística, hay que llamarlo ex-cura.

¿Las proclamó Patria Roja?… ¿Una ONG? ¿Algún partido de izquierda?… A cualquiera de ellos, hay que llamarlos caviares o terroristas.

¿Hubo mucha gente escuchando estas palabras?… La Fuerzas Armadas y policiales tienen derecho de usar sus armas a discreción.

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