Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

Do you speak English?

Do you speak English?

Hace algunos años, una amiga mía que estaba decidida a aprender inglés cuanto antes, se matriculó en un curso superintensivo, tomó varias clases de “inmersión” en ese idioma, compró una colección de cassettes y, por fin, descubrió el método de la almohadilla subliminal. ¿Lo conocen ustedes?

Se trata de un pequeño cojín que contiene un invisible tocacassette. El estudiante debe colocarlo bajo su almohada al acostarse, y, gracias a él, se pasará la noche escuchando –sin advertirlo completamente– conversaciones en inglés. Los inventores aseguran que su uso repetido hará que usted adquiera una gran facilidad en la comprensión de la lengua hablada, e incluso en su pronunciación.

El método dio resultados admirables. A las pocas semanas, Angélica Castellano, Gladys Segovia- o se llamaba Henny?  hablaba con un acento difícil de distinguir del de una nativa, aunque su voz, al modular el idioma de Shakespeare, se tornaba nasal y emitía de rato en rato breves ronquidos. Aparte de ese pequeño defecto, tuve que felicitarla, puesto que incluso en castellano comenzaba a advertirse su destreza en el idioma de los forasteros.

El problema se presentó justamente a los tres meses de haber comenzado a usar la almohadilla. La noche en que los cumplía, un caballero desconocido tocó el timbre de su casa:

–¿Es usted la señorita Henny?? ¿Está usted tomando el curso subliminal de inglés mientras duerme?

Ante sus respuestas positivas, el desconocido, dueño de un inmensa sonrisa, le reveló su identidad:

–Permítame usted que me presente. Soy el profesor de inglés que le está asignado y vengo a tomarle su examen trimestral. Pasemos, pues, adelante, y dígame de qué lado de la cama duerme usted.

He recordado esto porque estoy a punto de tomar el avión de retorno a mi trabajo en Estados Unidos, y son muchos los amigos que me hacen preguntas sobre los mejores métodos para aprender el inglés. En vista de que me resulta difícil recomendar uno en especial, prefiero ofrecerles algunas experiencias propias y ajenas que tal vez puedan servirles en su aprendizaje lingüístico.

Cuando era yo todavía un niño, mi primer profesor de ese idioma nos dijo que la mejor manera de lograr una pronunciación adecuada consistía en hablar con una pipa o un habano atravesado en la boca. Míster Gómez hacía la prueba frente a nosotros y, como por encanto, todas las frases escritas en la pizarra se volvían gringas.

Escribía, por ejemplo, I am, y la pipa lo hacía emitir un asombroso Ay em. Borraba esa conjugación y dibujaba un hombrecito al cual su voz, notoriamente extranjera, convertía en un Fa dor (padre) o una mujercita que se pronunciaba Ma dor (madre). Se trataba, claro está, de su progenitores porque los míos no se parecían demasiado a esos muñecos ridículos.

De todas formas, el método me pareció mágico e insuperable durante toda mi infancia y adolescencia, pero la verdad es que nunca tuve la oportunidad de ensayarlo porque, de niño, no me permitían usar pipa; cuando llegué a la adolescencia, ese instrumento había pasado de moda, y ahora que vivo en los Estados Unidos, no fumo en absoluto.

Tengo algunos problemas de comprensión oral que salvo observando los labios de mi interlocutor. Sin embargo, el primer día en que asistía a una sesión de profesores no pude entender al speaker porque se hallaba mirando la pizarra y explicando un diagrama. Concentré sobre él, entonces, toda mi fuerza mental para obligarlo a que nos mirara, y lo logré, pero lamentablemente el señor usaba barbas.

Felizmente, luego de esos problemas iniciales, logré una soltura que me ha permitido ofrecer charlas y clases en inglés, y sin embargo, cotidianamente, tengo que pasar una temible prueba de mis aptitudes. Eso ocurre a la hora del desayuno cuando lo tomo en alguna cafetería del campus.

En primer lugar, debe usted declarar qué es específicamente lo que desea: ¿Café o té? ¿Huevos? ¿Panes?, para someterse luego a un interrogatorio más exhaustivo: ¿Qué clase de café desea? ¿Regular o descafeinado? ¿Express o moka? ¿Colombiano, javanés, indonesio? ¿De Afganistán? ¿Y el té? ¿Descafeinado? ¿Herbal?… Correcto, herbal. Pero ¿qué clase de yerba? ¿Manzanilla, pelotilla, robegato, veinticuatro?
¿Y los panes? ¿Crudos o tostados? ¿Blancos o negros? ¿De trigo natural o de trigo bañado con pesticidas? ¿Cómo quiere el azúcar? ¿Blanca y refinada o morena y sabrosona? ¿Acaso antidiabética o dietética? ¿Y la crema, los huevos, las papas fritas, los jugos, el perfil lipídico de esos alimentos, su valor expresado en colesterol, grasas saturadas e hidratos de carbono?

La última vez que tomé desayuno conté 97 preguntas. Luego no pude contar más, porque seguramente fui desaprobado en inglés, y eso me obliga a recomendarles que se abstengan de tomar desayuno en los Estados Unidos, o que muestren a la camarera una tarjeta que diga: “No sabe. No opina”.

Por fin, si desean practicar o mejorar su nivel de lengua no les recomiendo que vayan a las grandes ciudades como Miami o Los Ángeles porque cada vez resulta más difícil encontrar en ellas a gente que hable en inglés. Tal vez sería mejor que piensen ustedes en un idioma alternativo, o que reincidan en el método de la almohadilla habladora, pero no sigan todas las indicaciones de sus maestros. Con un pie en el aeropuerto, o ya casi con los dos, estos sabios consejos van a todos ustedes con un agradecido y esperanzado “hasta muy pronto, queridos compatriotas”.

Publicado en Blog2 Respuestas

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2 Comments

  1. Luis Cangalaya

    Hola, Eduardo. Te escribe Luis Cangalaya, amigo que hace tiempo no he tenido noticias tuyas. Llegué a tu página y me topé con este artículo que me pareció interesantísimo, sobre todo, porque también tengo un problema con el inglés, aunque no tenga la almohadilla al lado. Espero que todo te siga yendo bien, como hasta ahora, y desde la última vez que hablamos por teléfono cuando me llamaste aca, a Perú. Éxitos en todo.
    Luis Miguel Cangalaya Sevillano.
    Lima – Perú.
    lumicase@hotmail.com

  2. Analia Pascaner

    Apreciado Eduardo:
    Me dio gusto leer tu texto, atrapante y divertido.
    Un saludo cordial
    Analía

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