Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

El amor por chat: para entrar en Estados Unidos

-¿Eres tú Eduardo? ¿Eduardo González Viaña?- me preguntó por teléfono la voz de una dama que podía ser del Perú o de Colombia. Le respondí que sí, que así lo suponía.

-Te habla Carmela.- me dijo ella, y agregó:

-Tú no me conoces en absoluto. Pero yo sí. Te he leído al llegar a Estados Unidos. En la biblioteca del pueblo donde vivo me prestaron tu obra “El corrido de Dante”. Me dijeron que una inmigrante tenía que leerla. Y era verdad. Pero yo quiero contarte algo más sobre el tema de la gente que entra en este país, la parte que corresponde a las mujeres…

Me preguntó si tenía tiempo para escucharla, pero no necesitaba hacerlo. La curiosidad- o el gusto por los chismes que tenemos los escritores- me obligaba a escucharla. Comenzó a hablar sin detenerse como si estuviera sola y temiera que alguien entrara a la casa.

A los veinte minutos, calló de pronto e inició un largo silencio. La imaginé abriendo la ventana y atisbando para ver si alguien se acercaba. Volvió al teléfono:

-Mi vida es una novela.-declaró.- ¡Y tú tienes que escribirla!

No sé qué hizo para convencerme. Recordé el nombre de mi interlocutora y, también, la melodía que canta Nelson Pineda con la “Sonora Matancera” y se me ocurrió que el título del libro sería “El amor de Carmela me va a matar”.

Eso ocurrió en setiembre del 2009. En noviembre, publiqué un cuento de unas 70 páginas con ese nombre, pero el tema daba para mucho más. Por eso, hoy, en mayo del 2010 acabo de publicar una novela de más de 300 páginas que es el resultado de haber entrevistado a unas cuarenta Carmelas y de haber seguido hasta el final el drama de la primera.

Resumo el argumento: La muy bella aunque otoñal Carmela vive en Bogotá obsesionada por chatear. En la pantalla de la computadora conocerá a un norteamericano maduro llamado Chuck Williams que está solo en el mundo y se parece a Robert Duvall. Se trata de un amor a primera vista con algunas dificultades, pero todas serán superadas y, por fin, la protagonista llegará San Francisco donde la esperan el amor y el “sueño americano”.

Pero, ¿qué es lo que viene después? ¿Quién es en realidad Chuck Williams? ¿Y por qué su barba tiene reflejos azules? ¿Es un gringo romántico o un asesino en serie que mata a latinas aficionadas al chat?

Comencé a hacerme esas preguntas el día en que recibí la llamada iracunda de un tipo que me exigía en inglés abandonar lo que supuestamente yo estaba escribiendo.

-Y si se mete en problemas ajenos, su vida no vale nada. ¡Yo se lo aseguro!

Chuck Williams había regresado algo desequilibrado luego de pelear en Vietnam. En alguna de sus llamadas, o tal vez por email, me lo había contado Carmela. (Imagínate que una vez me dijo: -¿Matar? Creo que maté a algún enemigo. Quizás maté al propio jefe de mi pelotón. Quizás me maté a mí mismo. En la guerra todos resultamos muertos.)

Sin embargo, yo insistí. No es que no le tema a la muerte, pero me fascinan las historias. Por todo eso, como les acabo de contar, entrevisté por email en este país y en otros de América Latina a muchas damas a las que les había ido bien, mal o de maravilla luego de una experiencia como la de Carmela. Algunas tuvieron incluso la bondad de enviarme una transcripción de sus conversaciones amorosas.

Escribí 700 páginas y las reduje a 200, y por fin terminaron en 310. Consulté estadísticas y descubrí, además, que el número de mujeres que inmigran debido a los juramentos apasionados vertidos en el chat está a punto de alcanzar al de los mexicanos que todas las noches escalan el temible muro inexpugnable e ingresan en el paraíso que, según dicen, se encuentra de este lado.

En algunos pueblos de la frontera, los mexicanos de uno y otro lado juegan al tennis, y la muralla les sirve de net. En toda la América Latina, las cabinas de Internet están repletas y las chicas caminan por las calles enviando mensajes de texto. Parece que la tecnología cibernética ha trastornado y globalizado el amor.

Me preguntarán ustedes qué fue de Carmela. No voy a poder responderles. Eso es lo malo que tienen las novelas, que ni el autor recuerda el final sino cuando las relee. Y eso es lo terrible de “El amor de Carmela me va matar”.

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4 Comentarios

  1. Carlos

    No me basta la entrada. Tengo que leer la obra.No he conocido nunca a una mujer por el chat. Será porqúe no se manejar los programas de Internet, solo mi correo y porque no contesto ni misivas ni celulares cuyo número desconozco.Lo siento.

  2. LUIS_ANGEL

    hola lindas ya llegue tengo 38 y soy de bolvia

  3. LUIS_ANGEL

    Hombre serio busca mujer seria para establecer una gran amistad con miras a poder ser mucho mas en adelante

  4. Constanza

    Leí el libro con lágrimas en los ojos…sentí el gran amor que te prodigó tu madre….

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