Por Alberto Moya Obeso

Eduardo González Viaña ,a puro punche, como decían nuestros mayores , ha transitado de la aldea tribal a la aldea global. Su novela “El corrido de Dante” lo puso de nuevo en vitrina, reafirmando por qué obtuvo el premio Juan Rulfo(1999). Liberteño, chepenano de nacimiento, trujillano por la savia cultural que bebió en el Grupo Trilce y en nuestra alma máter, la Universidad Nacional de Trujillo, donde estudió Derecho. Aprista en sus años mozos, un hombre de izquierda después, fogoso orador como dirigente estudiantil universitario, hoy es un ciudadano planetarizado. Y lo es en un doble sentido: a) su creación literaria es reconocida ya no sólo en el país , se consolida más allá de Latinoamérica y b) su temática , como ocurre en “Los sueños de América” (Alfaguara, 2000) y “El Corrido de Dante” (Arte Público Press, 2006), va pasando del espacio sociogeográfico local a los escenarios más universales. Parafraseando a Edgar Morín, el filósofo del pensamiento complejo, nuestro literato es cada vez más parte del mundo y el mundo cada vez más parte de él. Sin embargo, como ocurrió con Watanabe, ni el Alcalde de Trujillo ni el Gobierno Regional ni, lo que es más censurable, la Universidad Nacional de Trujillo le han dado el reconocimiento que se merece. Sin incursionar en el oficio los literatos , nuestra mirada a González Viaña/El corrido de Dante es desde las ciencias sociales. En esta novela se pinta el discurrir de los latinoamericanos que hoy están haciendo su nueva vida en Estados Unidos, de los que formando esa inacabable ola migratoria internacional que mismo gran puente humano articula a los países subdesarrollados con los desarrollados. De un fenómeno que se ha multiplicado algebraicamente a partir de la globalización y las nuevas formas de acumulación de capital, estudiados desde la anropología y la sociología por Teófilo Altamirano, César Germaná y Max Meneses, entre otros, en el Perú. Con González Viaña trasponemos las ciencias sociales, muchas veces tan duras en el manejo de sus leyes y selvas estadísticas, y nos solazamos con la agradable música de su lenguaje. “El corrido de Dante” es toda una literatura social testimonial que nos permite comprender vívidamente, de corrido y con corrido mexicano de por medio, que América Latina se ha convertido en un exportador no tradicional y no planificado de una mercancía especial: la fuerza de trabajo, de mano de obra barata, desde el punto de vista del capital norteamericano, que se incorpora sobre todo al sector servicios, que vive a salto de mata y con los nervios de punta cuando es todavía un ilegal y relegado cuando no despreciado por el racismo imperante. Pero que al mismo tiempo es también fuga de talentos para nuestros países, de muchos talentos (el mismo González Viaña es uno de ellos), pues la migración internacional es selectiva y atrae a un sector importante de la población que tiene formación profesional o universitaria. El corrido es una expresión literaria musical mexicana que tanto impacto tuvo en el Perú en la década del 50 y 60 del siglo XX y que simboliza al país vecino de Estados Unidos, México. Justamente, en la novela González Viaña relata la vida, las peripecias, los intensos remolinos psicológicos del choque
cultural de la gente de este país hermano en Estados Unidos, que son las mismas de los peruanos y otros latinoamericanos que viven por esos lares como migrantes . A través de González Viaña , nos damos cuenta, cómo se va dibujando el nuevo rostro antropológico, social y político de América del Norte. En lo más aparente, dentro de la América blanca/negra se van abriendo paso los hombres y mujeres de América Latina, de la América Cobriza. Y va emergiendo también un país de todas las sangres, como le gustaba llamarnos José María Arguedas.