Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

Human Rights Have No Borders

Human Rights Have No Borders

El primero de mayo, Salem, la capital del estado de Oregon, amaneció igual que siempre. En toda la historia de esta ciudad tranquila, nunca ha habido manifestaciones. Los jóvenes no votan. La edad promedio de los votantes es 56 años. Uno de las pocos”mítines” que recuerdo es la de unos 9 gringos desgarbados que portaban pequeños carteles y se paseaban frente al restaurante donde desayunaba Hillary Clinton cuando nos visitó hace una década. Eran tan inexpresivos que los creí tímidos admiradores de la entonces primera dama.

Para resumir, los nativos de aquí son algo apáticos.No salen a las calles, no gritan, se acuestan antes delas 9 de la noche, ponen música a nivel casi inaudible, no saben bailar y, si lo hacen, no bailan pegado.

Sin embargo, el primero de mayo se descubrió que también vivía en Oregon otro tipo de gente. Amediodía, comenzaron a confluir en Salem, desde todo el estado, hombres, mujeres y niños cuyos rostros no se cuentan cuando se hace el censo. Son generalmente invisibles, pero son, y ese día comenzaron a existiren la historia.

Empujados por una propuesta de ley que convierteen delincuentes a los indocumentados, y hartos de ser discriminados en una sociedad y un país que ven como suyos, los inmigrantes en Estados Unidos decidieron salir a la calles y manifestar su rechazo a la propuesta en lo particular y a su situación en lo general. Hay 40 millones de “latinos” en este país, pero se hacen sentir como si fueran 400.

“La población silenciosa grita sus valores y sus metas”- dijo el Statesman Journal. Pero Jerry Bezzant, no está de acuerdo con ese titular.

-¿Silenciosos?- protestó- ¡Casi me han destrozado el tímpano!

El pobre Jerry acudió, con talvez otros diez gringuitos, a contra manifestar. Su pequeño cartel rezaba: ¡Monkeys, Go Home!

Pero como tiene cara de palo, nadie lo entendió.Más bien, una señora se acercó a él y le obsequió un tamal. Después, otra dama comenzó a llamar a sus pequeños, y los decibeles de esa voz lo dejaron mareado. Luego pasó una comparsa de danzantes, y una morenita tomó del brazo a Jerry para sacarlo a bailar. Jerry daba saltitos del brazo de la joven cuando pasaron los cartelones de la Virgen de Guadalupe, JuanDiego, la Santa Muerte, Sarita Colonia, San Jesús Malverde y otros personajes del cielo haciendo causa común con los inmigrantes.

Eso le sonó muy raro al pobre Jerry porque aquí los conservadores han usado la religión para poner en la presidencia al Sr. Bush y declarar una guerra a muerte contra Darwin, el evolucionismo, la clonación, las mujeres que abortan y todos los desdichados pecadores.

Cuando pasaron Bolívar, Juárez, Morelos, San Martín, Washington y Lincoln, Jerry Bezzant no pudo entenderlo que pasaba porque sus dos hijos universitarios,como la mayoría de los jóvenes, no saben siquiera enqué año se produjo la independencia norteamericana.

Mientras bailaba, Jerry había perdido su cartelón contra los monos latinos. Entonces, se acercó uno de ellos y le ofreció la bandera de los Estados Unidos.

-Gracias, huerito, por venir- le dijo al tiempo que le regalaba su sombrero y una botella de agua mineral.

Luego de conocer tanta gente generosa y alegre, Jerry es uno de los pocos norteamericanos que no declara contra el himno nacional en castellano. El Presidente Bush sí lo hace. Y no debería quejarse porque NADIE canta aquí ni siquiera en inglés esa canción. El juramento de lealtad, la bandera, y el propio himno están casi prohibidos en las universidades donde los profesores políticamente correctos los consideran anticuados.

Hasta el último día de abril, este paístenía un rostro y una cultura desbordante de sopor. Pero cuidado, el aburrimiento es la explicación principal de por qué la historia está tan llena de atrocidad. Felizmente, el primero de mayo, EstadosUnidos se despertó y descubrió que su rostro era muy diferente.

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1 Comment

  1. maria esperanza

    Felicitaciones, como siempre nos tienes acostumbrados a lo mejor de ti y tu forma fresca de enriquecernos … Dios te bendiga.

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