Eduardo González Viaña

El Correo de Salem

La paz y la muerte

La paz y la muerte

Un día de junio de 1985, yo iba a morir.

Por lo menos, otras 90 personas volarían conmigo por los aires en una casa de Trujillo.

Estábamos en el jurado departamental de elecciones. Bajo la mesa en la que yo me encontraba, había sido colocado un explosivo. La razón de sus ejecutores era sencilla: de acuerdo con su punto de vista, las elecciones eran un juego fraudulento del Estado burgués.

Era yo entonces candidato al Senado de la República por la Izquierda Unida. En el departamento de La Libertad, los votos preferenciales me otorgaban una holgada mayoría sobre todos los otros candidatos al Senado de la misma agrupación. Mientras se contaban los votos, me sentía agradecido por la generosa preferencia de mis paisanos.

De pronto, mi pie derecho chocó contra un bulto bajo la mesa. Era un envoltorio sospechoso, una posible bomba. “Levántense, por favor”, dije, y sin pedirme explicaciones, todos lo hicieron. Al salir nosotros, la policía especializada ubicó y desactivó el artefacto explosivo.

De eso han pasado casi 30 años. Se iniciaba en el Perú una guerra demencial. Los miembros del grupo que puso aquella bomba se lanzaron al abismo de una violencia sin fin. Del otro lado, el Estado les respondió pocas veces con tino y prudencia. El gobierno de aquellos años tuvo la idea depravada de masacrar a centenares de presos rendidos en una cárcel peruana.

Se suele atribuir al diablo la paternidad de todo lo perverso. A veces pienso que él no es tan necesario y creo que los seres humanos suelen tener poderes casi sobrenaturales para ejercer el mal y ser infernales con sus víctimas. Ese fue el caso de ese gobierno y el de la dictadura interminable que le sucedió. Los peruanos de esas épocas hemos padecido el tormento de estar encerrados en un sánduche. Había terror de uno y otro lado. En el país, se operó una verdadera guerra étnica en la que quien tenía orígenes andinos era sospechoso. Podía ser ejecutado por Sendero o apresado, torturado y desaparecido por las Fuerzas Armadas.

Después de tantos años, tuve la esperanza de que el nuevo gobierno iniciaría un camino de paz. Voté por el señor Humala sin hacerme la ilusión de que una gran transformación estuviera a la vista. Lo hice, sobre todo, porque me espantaba su adversaria.

No obstante, nunca podré entender bajo qué lógica se prohíbe un movimiento en el que los subversivos se rinden y piden amnistía, y, en el otro lado, se acepta con naturalidad la existencia de un partido político “fujimorista”.

No hay planes en ese partido. Su único fin es el indulto de Alberto Fujimori quien durante 10 años capitaneó un régimen de terrorismo estatal construido a base de genocidios, manipulación electoral, corrupción a tiempo completo y cementerios clandestinos por uno y otro lado del Perú.

Fujimori fue el comandante supremo que ocultó, justificó y amnistió crímenes contra la humanidad, y ahora se defiende diciendo que los ignoraba, o achacándoselos a la institución militar que no podría haber actuado sino bajo sus órdenes. ¿Se permiten partidos hitleristas en Alemania?

Como si se aceptara que uno de los terrorismos es bueno, este señor recibe una cárcel de cinco estrellas. Y sin embargo, enfrente, el otro condenado por terrorismo, un hombre anciano y sobre todo, ya rendido, tiene que sufrir la súbita invasión de los guardias carceleros a su calabozo perpetuo para confiscar lo que escribe y lee. No sé cómo alguna revista pudo festejar esta innecesaria tortura.

Estuve a punto de morir un día de junio de 1985. Agradezco a Dios que eso no ocurrió porque, entre otros premios de la vida, tengo la ocasión de olvidar y perdonar lo que me pudo ocurrir, desear que no se desbarate el Estado de derecho y ansiar que nuestros gobernantes no pasen a la historia como continuadores de una guerra sin término sino como hacedores generosos de la paz y la reconciliación.

 

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2 Comments

  1. Lilliana Radja

    Siempre es bueno leer tus experiencias..te salvaste por un pelo.
    Ahora el gobierno de turno hace lo que quiere lo cual es una verguenza , no existe politico honorable.

  2. José Antonio Vallejo Vidal

    RESPUESTA EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA
    Nunca en mi vida he leído algo tan fuera de foco ni más masoquista ni de tan bajo nivel político como éste artículo y lo peor del caso redactado por un escritor laureado y afamado. Solamente una persona totalmente ignorante de lo que ha ocurrido en el Perú puede haber escrito algo así.
    Analicémoslo por partes:
    1. El señor González Viaña manifiesta que allá por el año 1985 estuvo sentado prácticamente encima de la bomba que iba asesinarlo a él y a 90 personas más, y que los iban asesinar absolutamente por gusto, porque ninguna de esas personas era culpable de que las elecciones fuesen “un juego fraudulento del Estado burgués”, según la opinión antimarxista de Abimael Guzmán (recordemos que Lenin aprovechaba las elecciones burguesas), y al mismo tiempo, González Viaña, se abstiene de identificar a los culpables de colocar dicha bomba, que todos sabemos se trata de Sendero Luminoso, y peor aún se abstiene de calificarlos como lo que son, es decir, terroristas y los llama simplemente “ejecutores”. Mayor masoquismo, mayor ignorancia política y mayor complicidad con quienes lo iban asesinar, absolutamente por gusto, no cabe.
    2. El señor González Viaña manifiesta que era candidato y fijo ganador para ocupar una curul en el Senado representando a Izquierda Unida, es decir, a la agrupación política antiburguesa, anticapitalista, antiimperialista, revolucionaria, que luchaba por los pobres y todos los trabajadores del Perú, sin embargo no es capaz de ponerse a pensar que esa banda terrorista que lo iba asesinar a él y que decía ser más izquierdista que todos, se dedicaba precisamente a asesinar, en todo el Perú, a los militantes más destacados de Izquierda Unida, destruyendo así la opción política más representativa del pueblo peruano y que más cercana estuvo de ganar las elecciones generales en 1990, si no fuese por la destrucción que perpetró SL de esa organización política, lo cual indica claramente la raigambre fascista y pro-imperialista de ese grupo terrorista, aunque se llenase la boca de discursos falsamente maoístas. Mao era sumamente magnánimo y comprensivo para con los condenados a muerte otorgándoles una serie de posibilidades para que puedan librarse de la pena capital, excepto con los traficantes de opio, con ellos la pena de muerte era ipso facto y sin apelación posible, pero aquí en el Perú, Sendero Luminoso estuvo y está ligado al narcotráfico desde un principio, desde sus reuniones iniciales en la década del 70 con los primeros militantes de esa banda conformada inicialmente por los hijos de los terratenientes ayacuchanos afectados por la reforma agraria de Velasco (JAMÁS los pobres se afiliaron a SL ni la pobreza fue un motivo que atrajese simpatías hacia esa banda terrorista) en la ceja de selva de San Francisco, (principal zona de producción de coca, pasta básica de cocaína y cocaína del Departamento de Ayacucho, hasta sus últimos reductos, precisamente en el VRAEM, la zona de mayor producción de coca, pasta básica de cocaína y cocaína no solo del Perú sino del mundo ¿qué tiene todo eso de maoísta?
    3. Después de narrar González Viaña cómo se salvó, según afirma supersticiosamente, “gracias a Dios”, no hay en su escrito una sola palabra de agradecimiento a la policía ni al régimen de turno que ordenó tal desactivación de la bomba (gobierno de AP). No, todo se debió, según él, a la mano misteriosa e invisible de Dios, conjetura similar al pensamiento pre-Ilustración digno de la Edad Media que le atribuía a un ser imaginario llamado Dios lo que era producto de la casualidad o de la suerte. Cabe preguntarse para los que piensan y razonan ¿por qué el tal Dios no hizo el mismo milagro para todos los demás atentados terroristas?
    4. Que los periodistas, por ignorancia o por conseguir rating, le llamen “guerra” al proceso terrorista desatado por Sendero Luminoso, así como le llaman “guerra” a la lucha contra las drogas o contra la delincuencia común o contra la informalidad del transporte interprovincial, pasa, pues lo hacen para darle más espectacularidad a sus informes o noticias, pero que lo haga una persona que se jacta de ser culta y conocedora del proceso político es inaceptable. Tampoco podemos llamarle “guerra” a este proceso terrorista porque así lo decidió y lo publicita en sus panfletos la cúpula de SL, pues en este caso no haríamos más que repetir la terminología de SL, haciéndole el juego. La guerra es un fenómeno jurídico-político-militar que requiere del cumplimiento de ciertos requisitos estipulados claramente en la época contemporánea por las Convenciones de Ginebra que forman parte del Derecho Humanitario Internacional y del Derecho de Guerra. El requisito fundamental es que haya, por lo menos, dos beligerantes, reconocidos internacionalmente. En el caso de guerra o conflicto armado externo no hay ningún problema, pues los beligerantes per se son las FFAA de los países enfrentados, pero en el caso de guerra o conflicto armado interno uno de los beligerantes son las FFAA del país en cuestión y el otro son las fuerzas contestatarias, pero éstas deben reunir 4 requisitos para ser reconocidas como tales:
    a. Tener un jefe públicamente reconocido;
    b. Estar uniformados o tener un distintivo claramente visible;
    c. Llevar las armas al descubierto; y
    d. No atentar contra elementos civiles, desarmados y neutrales.
    Como puede verse, SL no cumplía con los tres últimos requisitos, por lo tanto, no puede ser considerado beligerante, en consecuencia, no ha habido ninguna guerra o conflicto armado interno, se trata simplemente de la perpetración continua de sucesivos actos de terrorismo, es decir, de delitos comunes y de su respectiva represión por las Fuerzas del Orden. Tampoco ha habido ninguna “lucha armada” ni “revolución” en los años 80 y 90 y mucho menos “guerra civil”, pues esos fenómenos político-militares requieren de la participación masiva del pueblo y aquí solo hubo la participación de una banda que quería dar la apariencia de partido político al igual que hicieron en Colombia los “extraditables” que también desataron una horrorosa serie de atentados terroristas con cientos de muertos aderezada con proclamas políticas “antiimperialistas”. Por lo tanto, ni los atentados terroristas son prueba de que haya un proceso revolucionario en curso ni la violencia per se es prueba de que tal proceso se esté llevando a cabo.
    5. González Viaña se refiere a la supuesta respuesta inicial del Estado a ese proceso terrorista mencionando solo al gobierno del APRA pero sin llamarlo por su nombre para que el lector desprevenido piense que se trata del gobierno fujimorista. En realidad la respuesta brutal del Estado contra SL empezó con el gobierno de Belaúnde. Recién dos años después del inicio del proceso terrorista en que la Policía Nacional se replegó totalmente, después de que el gobierno de AP hubiese dejado avanzar adrede a los terroristas calificándolos como “abigeos” y luego de dejar escapar, también adrede, a Abimael Guzmán que había sido cercado por la policía en 1982 en la Av. Pershing en casa de sus suegros, Belaúnde dio la orden más criminal que se pueda dictar a las FFAA, entrenadas para matar y no para disuadir. Les dio “carta libre”, sin ningún parámetro, para sofocar el brote subversivo y allí es que se inició el baño de sangre por parte del gobierno contra el pueblo y las comunidades campesinas (según el informe de la CVR hubo más de 4 mil asesinados y desaparecidos por las FF del Orden durante el gobierno de Belaúnde, por culpa de esa orden sin parámetros que dictó el mandatario). Por si acaso debemos recordar que todos los cementerios clandestinos encontrados 30 años después con cientos de cadáveres corresponden a la época de Belaúnde, no corresponden a la época de Fujimori. Debería informarse mejor el señor González Viaña. Luego, la masacre de los penales donde fueron asesinados varios cientos de presos rendidos ocurrió durante el gobierno de Alan García, por orden directa del presidente. En cambio, durante el gobierno de Fujimori se restringió mucho más el ámbito de utilización de las armas contra los terroristas al prescribirse de acuerdo con los planes presentados por el Comando Conjunto que consideraba que se dirijan todos los esfuerzos a detener, y si es posible ejecutar, solo a los cabecillas. De esas directivas resultó la captura de Abimael Guzmán. En todas partes del mundo los Servicios de Inteligencia gozan de cierta autonomía, realizan actos inmorales e ilegales a espaldas de las altas autoridades del país. Algunos de estos elementos ejecutaron a los terroristas de la Cantuta y a otros: no hay ninguna prueba de que Fujimori lo ordenase. En cambio, en el caso de Belaunde y García sí están las actas del Consejo de Ministros donde figuran las órdenes que ellos dieron: el primero, para debelar sin ninguna cortapisa el proceso terrorista y el segundo, para eliminar a los terroristas rendidos de los penales. Por eso es que para condenar a Fujimori se utilizó una figura inexistente en cualquier Código Penal, inventada un año antes del juicio por la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante y soplada vía fax e Internet a César San Martín: “Autor mediato por ser titular del dominio del hecho”. Es decir, ni una sola prueba, simples suposiciones, simples conjeturas. En cambio, en el caso de los otros dos presidentes sí habían pruebas contundentes. A esa injusticia se agrega que Fujimori logró derrotar al terrorismo con el menor costo social. Según la propia CVR el costo social durante el gobierno de Belaúnde se cuenta por miles, durante el gobierno de García por cientos, en cambio, durante el gobierno de Fujimori solo por decenas. Y pese a que él no ordenó ninguna de estas muertes sólo se le condena a él. Es la peor aberración jurídica y la peor injusticia de la historia del Perú.
    6. González Viaña le echa la culpa de todas las maldades al gobierno peruano y solo al gobierno de Fujimori sin tener en cuenta que quien inició ese ciclo infernal de maldades contra el pueblo peruano fue Sendero Luminoso y su cruel cabecilla Abimael Guzmán. La paternidad de todas las maldades no la tuvo el diablo (que no existe, excepto para los idiotas ignorantes que siguen con un pensamiento pre-Ilustración) sino Abimael Guzmán, que fue quien ordenó poner la bomba que casi lo mata a él y a otras 90 personas y todas las otras bombas que mataron a miles de personas, no Fujimori. Fujimori fue quien derrotó a ese diablo farsante disfrazado de maoísta para engañar a los incautos, como Eduardo González Viaña.
    7. El gobierno de Fujimori representó un verdadero alivio para todo el país con la captura de Abimael Guzmán y la derrota de la pandilla terrorista Sendero Luminoso, por eso el pueblo, el verdadero pueblo lo apoyaba y lo sigue apoyando. No se logró la derrota total del terrorismo por dos razones:
    a. Intervinieron para impedir la culminación de los operativos antiterroristas en el Huallaga los tres organismos defensores de los DDHH de los terroristas y solo de los terroristas que casualmente son financiados por EEUU (IDEELE, CONADEH, APRODEH); y
    b. Después de la caída de Fujimori, los gobiernos de Paniagua y Toledo se dedicaron a liberar terroristas en grandes cantidades y a otorgarles beneficios penitenciarios que antes no tenían. Por eso continúa todavía el terrorismo.
    8. Yo sí voté por Ollanta esperanzado en un gran cambio, no por la estupidez que dice González Viaña de sentir espanto por una mujer bien centrada, culta, inteligente y patriota, pero derechista, cuyo padre, aunque cometió un grave error aliándose con Montesinos (Lo cual no es ningún error imperdonable, recordemos que Jesucristo se alió y confió en Judas; Mariátegui se alió y confió en Eudocio Ravines; Nasser se alió y confió en Anwar el Sadat) supo conducir correctamente el país y sacarlo del fondo del hoyo donde lo habían arrojado Belaúnde, Alan García y Sendero Luminoso. Desgraciadamente ahora estoy completamente decepcionado de Ollanta Humala, pues he constatado a través de su praxis política que es un vulgar sirviente del imperialismo norteamericano, un agente de la oligarquía, un representante nato de la derecha política y un simple guachimán de las compañías mineras.
    9. El senderismo, legal o ilegal, no debe, de ninguna manera, ser reconocido como partido político, por la sencilla razón que así actuó también desde el año 1970 en que fue creado hasta el año 1980 en que arrojó “heroicamente” sus primeros petardos contra una mesa electoral desguarnecida de la Comunidad de Chuschi, una de la comunidades más progresistas y más izquierdistas que había en Ayacucho. Durante esos 10 años también trabajaron y actuaron dentro de la legalidad, pero preparando por lo bajo las acciones terroristas que después harían eclosión trágicamente. ¿Debemos acaso repetir otra vez la misma ingenuidad? ¿La misma falta de previsión? ¿Cuántos muertos más deben ocurrir dentro de 10 años para que los tontonazos e ingenuos abran los ojos y aprendan que no hay que darle tregua al enemigo del pueblo peruano? ¿O es que están esperando otra ola de sangre para ponerse a llorar lágrimas de cocodrilo por “nuestros hermanos indígenas de los Andes” para que todos vean su falso humanismo? Más vale prevenir que remediar.
    10. El partido fujimorista tiene todo el derecho de existir como tal partido político no solo porque constituye la expresión de por lo menos un tercio del pueblo peruano sino porque la actual constitución, con todos sus defectos, y la política económica puesta en práctica por los gobiernos de Toledo, Alan García y Ollanta que nos han permitido un desarrollo continuado de más del 6%, es obra de Fujimori. Lo único que hicieron esos gobiernos es dejar encendido el piloto automático que dejó Fujimori. En cambio, el senderismo no solo provocó muerte y destrucción sino que no representa absolutamente a nadie, excepto los intereses de sus mentores, el imperialismo norteamericano, pues todas las pruebas, todos los datos, todas las investigaciones apuntan a que esa organización terrorista, al igual que las Brigadas Rojas italianas de los años 60, fue creada, organizada, dirigida y financiada por la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU, en el caso de SL a través del jefe de los Cuerpos de Paz el sociólogo norteamericano David Scott Palmer, amigo íntimo y jefe de Abimael Guzmán Reynoso.
    11. En el colmo del masoquismo, Eduardo González Viaña llora lastimeramente por las condiciones carcelarias del hombre que casi lo asesina por puro gusto y que asesinó a miles más. Y al mismo tiempo, en el colmo de la ingratitud, pide una prisión más dura y la eliminación del partido político del hombre que derrotó al asesino que le puso una bomba bajo su asiento. Pero en el colmo de la idiotez él le atribuye esa salvación a Dios.
    12. Y para finalizar, González Viaña, en el colmo de la hipocresía pide construir una nueva sociedad “hacedora generosa de la paz y la reconciliación” pero sobre la base de prohibir el partido de Fujimori y legalizar el partido de Abimael Guzmán, de endurecer las condiciones carcelarias del hombre que nos salvó del terrorismo y de la hiperinflación y, por otro lado liberar de la prisión al hombre que inició el peor baño de sangre de la historia del Perú.
    José Antonio Vallejo Vidal
    Doctor en Sociología
    Abogado

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