Por León Trahtemberg
Presentación de la novela “MAESTRO MATEO” de Eduardo González Viaña (ediciones SM-colección EL BARCO DE VAPOR)

Jamás -que yo recuerde- he participado en alguna presentación de un libro de literatura. Esta fue mi primera vez, animado por el responsable del área de la editorial quien me transmitió el deseo del autor. La lectura me resultó ligera, grata, profunda, estimulante, aleccionadora. Algunas interrogantes sobre la verdadera existencia del perro Mateo o del sueño de Martín me acompañaron hasta el final. Particularmente sorprendente me resultó la parte en la que el relator decide irse de su casa y cortar la comunicación con su familia. También la manera de enfocar el tema de la ceguera me resultó llamativa, tanto en relación al abuelo que requería que le lean “La Divina Comedia” como en relación Tejada, en la playa, porque en esos episodios hay una riqueza conceptual, social y narrativa espectacular, como cuando escribe “Las personas normales sólo ven las apariencias… El mundo que ven los que ven es un mundo frágil y breve, tan breve y frágil como una pompa de jabón… Para ver lo que es real, tendrías que vivir con los ojos cerrados”. O también cuando escribe “Ser ciego y soñar me trae recuerdos tristes de lo que no volveré a ser. Pero no son tristes. Un día llegué a asumir mi ceguera como un poder temible. Me dije que si el resto de los mortales apreciaba sólo las apariencias, yo podía ver lo real e imaginar lo que quisiera… Tu sabes, basta imaginar lo real para que lo sea…” Hubo momentos en que pensaba que estaba frente a un libro de filosofía o psicología, por los conceptos usados pero haciendo uso de una expresión literaria sencilla y accesible. Párrafos como “El Señor nos ha dado dos regalos: uno es la vida; el otro es la eternidad. De los dos, el único visible es la vida (23)” (pags. 23 – 25 diálogo con el sacerdote sobre la trascendencia de la vida humana). “La vida es como un cuento narrado por un perro loco. Un cuento lleno de ladridos. Hay algo que nos quiere decir y es la pura verdad, pero hay que sacarla de entre los ladridos” (pag. 34, 36, 40 diálogos con su padre, haciendo un simil de los significados de los berrinches de los niños) “Los hombres notables son como las cometas. Se alzan más cuando hay más viento en contra” (pags. 50 diálogo con el peluquero, sobre la capacidad de sobreponerse a las dificultades y crecer) Me resultó muy ocurrente la manera de construir el punto de retorno al Perú, usando dos pasajes encadenados del cuento. El primero es el que relata la situación en el Museo de Artes de la universidad comunitaria, donde Martín alternaba como guardián nocturno con el colombiano Armando Reyes, admirador del pintor holandés Johannes Vermeer cuyo cuadro “vista de Delft” se quedaba mirando absorto. Le hacía recordar nostálgicamente su pueblo de origen. Los cuadros tenían ventanas, que si se las observaba permitía ver las ventanas dentro de las ventanas, hasta llegar a ver la ventana de la casa que dejó en su tierra. Eso motivó a Martín a imitar a Armando y quedarse mirando los cuadros, las ventanas y finalmente su propio pueblo. Es entonces que Martín decide que también él debía regresar a casa. La segunda es la que relata la escena en la feria mexicana de objetos de cerámica, en la que Martín es
abordado por una gitana para leerle la mano. Al adivinarle sobre su pueblo, ella hace de espejo para recuperar los recuerdos que Martín ya no tenía claros, porque los había querido borrar. También me enganché con algunas palabras claves que el autor dejó regadas en el camino que me llevaron a buscar en internet su biografía y el mapa de la región La Libertad, lo cual corroboró mi presunción de que estaba hablando de sí mismo. Era el “ayudante hispano de un pastor religioso en Berkeley” (universidad de la que es catedrático). También ocurre cuando Martín toma el avión que atraviesa volando el golfo de México, cruza los Andes del Ecuador y luego llega a su país. Al llegar al aeropuerto, decide tomar un autobús para viajar a 600 kilómetros al norte (La Libertad-Perú, donde nació y Pacasmayo, pueblo cercano en el que pasó su infancia y adolescencia). Mi conclusión es que este cuento puede ser leído por jóvenes y adultos por igual, aunque creo que se presta muchísimo a ser leído en clase con un profesor que sepa animar luego una interesante discusión con sus alumnos, de la cual le pueden sacar un enorme provecho. Pueden dialogar sobre la construcción de la identidad de las personas; la relevancia de los distintos personajes con los que interactuamos en la vida y cómo podemos aprender de las huellas que cada uno deja en lo que somos; el rol de los recuerdos de infancia en la construcción del destino de cada uno; la idea de que aunque nos vayamos de nuestra casa o familia, siempre cargamos con ella y regresamos a ella, aunque sea en el inconciente o la imaginación. Querer borrarlo es como borrar nuestra identidad (esto es muy relevante para migrantes); los valores que emergen de los diálogos ente Martín y los personajes. En suma, un libro lindo y útil. Yo lo recomendaría a mis alumnos