¿Qué se decide en Estados Unidos?

Cada vez que prendo el televisor, aparece el rostro de un anciano patético que aconseja a los norteamericanos votar por Romney para evitar la llegada del comunismo.

El caballero dice ser un inmigrante que huyó de Hungría comunista. Mientras habla, se alternan fotografías en blanco y negro de gente desarrapada y posan detrás de él rostros escuálidos y famélicos.

“El comunismo hace más pobres a los pobres”-dice el personaje y añade que muchos en los Estados Unidos han olvidado esa lección. Supuestamente, él la recuerda, y por eso va a votar por Romney.

¿A qué viene esta advertencia? ¿Son partidarios de la hoz y el martillo Obama y los demócratas?

No, no es así, ni el anciano húngaro está completamente loco. Ocurre que el gobierno del señor Obama se ha caracterizado por una esforzada lucha para lograr que todos en este país tengan acceso a un seguro de salud. Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que no lo tiene.

Cuando llegó a la Casa Blanca el actual presidente, más de la mitad de los norteamericanos estaba excluida de ese beneficio.

En cualquier latitud, su proyecto de reforma sanitaria habría sido considerado loable y necesario. Aquí, los extremistas del partido republicano-quienes ahora buscan el poder-lo calificaron como una perversa medida comunista.

En medio del debate, se hicieron públicas historias desgarradoras capaces de poner a prueba la compasión del más duro, menos la de los “cristianos” del Tea Party.

Fred Holliday tenía 39 años el 17 de junio de 2009 en que falleció, justo al iniciarse el debate en el Capitolio de la propuesta de reforma de la Salud. …Estaba sin seguro cuando empezó a sufrir extrañas molestias que incluían sudores nocturnos, fatiga crónica y orina con sangre. No fue al médico porque era muy caro. Cuando al fin encontró un empleo que se lo cubría, descubrieron que padecía cáncer de riñón. Y que este era ya incurable.

En otra ciudad, una joven paciente de cáncer retrasó por meses no sólo el inicio del tratamiento sino el dar la noticia a sus padres porque temía que los gastos de curarla los obligaran a hipotecar la casa. Y así fue. Cuando la vendieron y literalmente, “se quedaron en la calle”, ya no había esperanzas para la chica.

De acuerdo con las reglas, las compañías no estaban obligadas a pagar por enfermedades preexistentes a la contratación del seguro. Por ello, la madre de Obama- diagnosticada de cáncer – había muerto luchando porque una compañía le pagara las facturas y evitar que sus hijos quedaran en la ruina.

“No padezco de ninguna enfermedad terminal. No tengo que pagar las cuotas mensuales de un seguro para que mi dinero vaya a costear el hospital de algún extraño.”-me dijo el obrero que cargaba una refrigeradora para reemplazar la mía.

Estaba él influido por la supuestamente “cristiana” campaña de los republicanos para quienes cualquier actitud solidaria es comunismo. El viejito húngaro, quien es empresario, nos atosiga con sus avisos televisados y gasta en ellos varios millones al día. Si los multiplicamos por todos los meses de campaña, podemos calcular que con ese dinero podría haber pagado las cuotas de sus trabajadores durante más de 10 años.

Si Romney llega a la Casa Blanca, desactivará todo lo que hizo su predecesor para convertir los Estados Unidos en un país más humano. La caridad –llamada inclusión social en algunos países- es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad de los seguros es horizontal e implica respeto mutuo. Está en juego este contraste en la nación que lidera el destino del mundo. Al triunfar el egoísmo, todo lo que es humano estará de sobra.