Por Nicanor de la Fuente,
Nixa, poeta y periodista en ejercicio, 105 años, contemporáneo del Grupo ¨Norte¨

“Vallejo en los infiernos” es un libro que todos estábamos esperando, o quizás necesitando en el Perú. Un gran escritor relata los días jóvenes, las pasiones tremendas, los dulces amores, los primeros poemas y la infame carcelería que vivió el más grande de nuestros poetas, César Abraham Vallejo. El novelista y su personaje tienen mucho común además de su nacimiento en el mismo departamento de La Libertad, de sus estudios en la Universidad Nacional de Trujillo, y hasta de su vivienda en la misma calle de Trujillo. Los vincula una común creencia en la literatura como una forma de robarle vida a la muerte, y lograr que la eternidad sea la patria de sus libros, de su pueblo, de su generación y de su tiempo. La militancia en la lucha por el cambio social acerca mucho más aún a uno y a otro. Cualquiera de ellos podría decir que donde hay libertad y justicia, allí está mi vida y allí están mis sueños. He leído la novela y me he sentido de vuelta en esos asombrosos tiempos que también a mí por suerte me tocó vivir. Juntando realidad e ilusión, las dos mitades de toda vida humana, González Viaña ha descrito las reuniones de los jóvenes bohemios de 1920, nos ha hecho vivir las caminatas de César con María Sandoval, nos ha permitido escuchar la voz profética de Antenor Orrego, nos ha hecho viajar de Trujillo a Santiago de Chuco y por fin nos ha puesto en el barco en el que César Vallejo se marchó hacia París y hacia nunca más. La elegancia y la precisión de la prosa de González Viaña- acaso la más cuidada de nuestra actual literatura- se juntan con la arquitectura perfecta de una novela que nos hace adictos a su lectura y por fin nos junta en una permanente visión de incandescencia sin término. Para quien lea la poesía de Vallejo, se hace ahora imprescindible tener a la mano VALLEJO EN LOS INFIERNOS. No leo ensayos sobre la poesía o los poetas porque sus interpretaciones suelen quedarse en los límites del ensayista. Prefiero la novela biográfica porque en ella el personaje puede volver a caminar, e incluso a vivir y a escribir, y a explicarnos por qué loca razón o sinrazón tomó el camino de escribir. La poesía, sobre todo la de Vallejo, es la unión de dos palabras que vivían en páginas muy distintas del diccionario y que parecían injuntables. La unión de las dos no tiene por qué decirnos alguna verdad temible. Su gracia reside en que nos deje vivir en el misterio. Gracias, César Vallejo, por habernos dado tanta poesía que nos hace temblar y soñar. Gracias, Eduardo González Viaña, porque con tu libro seguiremos soñando y temblando por todo lo que dure este misterio.